Para dirigirte a ti mismo, utiliza tu mente; pero para guiar a otros, emplea tu corazón. Raramente logramos la confianza de las personas a través de argumentos técnicos o lógicos; más bien, lo hacemos apelando a los sentimientos y emociones. Napoleón decía que parte...
Para manejarte a ti mismo, usa tu cabeza; para manejar a otros, usa tu corazón
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